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JUGAR EN LA CALLE

JUGAR EN LA CALLE

Jugar en la calle significa algo más que tener un espacio para pasar el rato sin dar la lata en casa. Jugar en la calle es todo un acto de ciudadanía. Es apropiarse activamente del espacio público y hacer realidad esa frase tan manida de que “la calle es de todos”. 
Jugar en la calle es no estar solo. Es tener otras referencias ajenas al hogar, tan necesarias para todos los niños y niñas y especialmente para aquellos que viven en entornos agresivos o conflictivos. 
Jugar en la calle significa llegar a conocer y a dominar un lugar con la intensidad de percepción de la infancia: dónde queda un palmo sin asfaltar, cómo huele la tierra, cómo alcanzar las hojas de morera, la rampa de las bicicletas, los escondites inverosímiles... 
Jugar en la calle es aprender convivencia de los adultos y ver directamente cómo viven y trabajan: el cartero, la panadera, el ejecutivo, la barrendera, la vecina. Es tener otras referencias de los mayores sin el filtro de la ventanilla del coche, más allá de los gritos, insultos y pitidos que invaden el asfalto. 
Jugar en la calle significa trabar relaciones de pertenencia con un lugar, establecer lazos afectivos con el barrio, con esa ciudad. Es la forma de ir haciendo ciudadanos comprometidos que conocen y se vinculan con ese espacio y a los que les importa lo que pasa en su calle, en su barrio o en su ciudad. 
Jugar en la calle es desarrollar la autonomía de relaciones, poder encontrarse con los de la misma talla sin intermediación de los adultos. Es establecer unas reglas de juego sin la mirada, el comentario o la intervención permanente de un mayor; poder divertirse, hablar, gritarse, enfadarse y reconciliarse según convenga. 
Jugar en la calle es moverse, respirar, brincar, saltar y correr. Es hacer ejercicio sin necesidad de un chándal, un profesor de karate o un gimnasio. Vivir el deporte sin horarios ni reloj, siguiendo los tiempos y los ritmos que marca el juego, el sol o el cansancio. 
Jugar en la calle es desarrollar la imaginación: las hojas de aligustre son los lenguados; dos piedras forman una portería; aquel rincón será mi casa; la tubería de hormigón es nuestra nave espacial. 
Jugar en la calle es vivir aventuras. Es no conformarse con vivirlas a través de los héroes de los vídeos y de la televisión. Es desconectar, desenchufarse y engancharse a la realidad vital, no virtual. 
Jugar en la calle es asumir responsablemente el riesgo, es aprender con la experiencia el alcance de un salto, la fuerza de los brazos, o la elasticidad del cuerpo. 
Jugar en la calle es luchar activamente contra el colesterol y la obesidad. Es una solución fácil y barata para la epidemia urbana del sedentarismo. 
Jugar en la calle es depositar confianza en los niños y hacerles responsables. Es evitar esas dosis cariñosas de negatividad que en aras de su seguridad los adultos transmitimos continuamente: “te vas a caer”, “no corras”, “bájate de ahí”, “te tropezarás”, “te vas a hacer daño”. 
Jugar en la calle es divertirse...... gratis. Es pasarlo fenomenal sin gastar un céntimo. Es romper ese perverso vínculo que se cierne cada vez más sobre nosotros que asocia el ocio con la capacidad de consumo. 
Jugar en la calle es transformar el clima urbano. Es añadir sonidos de risas, canciones, gritos, pisadas y patines. Es humanizar las aceras con señales de tiza, con balones gomas, combas, bicicletas, carretillas y, sobre todo, con ciudadanos de todos los tamaños. 
Jugar en la calle es reforzar las relaciones vecinales. Es una forma de facilitar que los mayores nos conozcamos, que la crianza sea algo más compartida, que los adultos salgamos de casa y empecemos también a ocuparnos de lo que pasa delante de nuestro portal. 
Jugar en la calle es pensar en lo colectivo. Es interesarnos por los pequeños y grandes problemas y necesidad de la comunidad: árboles, aceras, fuentes, velocidad de los coches... Es un primer paso para iniciar proyectos comunes. 
Jugar en la calle es dar tiempo y restarle “cargas” a las madres y padres que se ocupan de los niños. Es romper esa relación viciada de carceleras y presos en los que se ha convertido la maternidad y evitar ese aburrido pasatiempo de estar horas en un banco mirando cómo el niño se columpia arriba y abajo o ver la forma de entretenerle y tenerle quieto en casa. 
Jugar en la calle es convertir el espacio público en un lugar seguro. Antes que cámaras, rejas, blindajes, policías y guardias jurado ¡que suelten a niños a jugar! Jugar transforma la calle, la colma de actividad, de gente y, en un “círculo virtuoso”, esa presencia revierte en una mayor sensación de seguridad que va alimentando al bienestar colectivo. 
Jugar en la calle es hacer visibles a los niños, mostrar sus necesidades de espacio, su forma de utilizar el tiempo, hacer visible su fragilidad y su fortaleza, hacer patente que en la ciudad hay algo más que coches y conductores. 
Jugar en la calle es cambiar los ritmos urbanos. Es calmar la marcha, poner un freno a las prisas, a la velocidad. Cuestionar esta vorágine colectiva que nos arrolla y que ha expulsado a los niños del espacio colectivo. Antes que vallas y disciplina vial para los pequeños, calmado de tráfico para los mayores. 
Jugar en la calle es integrar a toda la ciudadanía. Es crear las condiciones para que los ancianos, los que tienen problemas de movilidad, los que están cansados, los que portan bultos, los que empujan carritos, las embarazadas...., en definitiva, la mayoría encuentre un espacio agradable a su medida. 
Jugar en la calle es negar los guettos infantiles, es integrar de facto a la infancia en la ciudadanía y no confinar a los niños en jaulas de colores, en parques infantiles vallados y exclusivos que, como golosinas urbanas, pueden ser un complemento pero no el alimento para su desarrollo psicosocial. 
Jugar en la calle es un derecho. Es, simplemente, no negar a los niños lo que como ciudadanos les pertenece: su espacio vital.


Agradecimientos a http://escueladeeducacionvialssreyes.blogspot.com.co/ por su información y a https://pixabay.com/es/ni%C3%B1os-ni%C3%B1os-jugando-ni%C3%B1a-hombre-1876027/ por su imagen

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